viernes, 3 de abril de 2009

CRISTOGIA

TEMA I
UN PRIMER ENCUENTRO


1.- Interés por Jesús

Es importante que comencemos señalando que en ningún momento de la narración evangélica se intenta una reconstrucción, siquiera sumaria, de la fisonomía moral de Jesús. Tanto el kerigma primitivo como los Evangelios se han limitado a transmitir los hechos y los dichos, demostrando muy poco o escaso interés por aquellos elementos que podrían servir para una biografía.
Si se piensa en el origen comunitario y en la transmisión oral del material que confluye en los Evangelios, pueden comprenderse sus limitadas posibilidades biográficas; era todavía fácil memorizar y codificar las palabras y las acciones, y no, en cambio, hacer otro tanto con los rasgos interiores, las motivaciones profundas, el desarrollo de la conciencia de Jesús.
Es preciso, sin embargo, notar también que el interés que empujó a las comunidades apostólicas a la tarea de transmitir los hechos y los dichos del Maestro tuvo más de efectivo que de doctrinal. Lo puede demostrar el hecho de que los evangelistas dieron a aquella transmisión un enmarque, a su manera, biográfico, en el cual las palabras y acciones tienen su permanente centro de referencia en la persona misma de Jesús.


2.- Un hombre de verdad

En esos textos, aparentemente objetivos y neutrales, se puede encontrar el eco de la fuerte impresión que Jesús suscitó en sus discípulos y que debía prolongarse, ciertamente, en el lenguaje directo de la predicación apostólica. Aparece en esos textos una comunidad impresionada: no sólo a causa de la extraordinaria experiencia de la Pascua, sino también a causa del Jesús prepascual, al que la resurrección había terminado por dar el máximo de relieve y por proporcionarle la clave definitiva de interpretación.
Pero la verdad es que no debió ser solamente la doctrina de Jesús la que tenía peso; en medida superior tuvo que influir también la fuerza de su personalidad arrolladora. La doctrina de Jesús ha incendiado al mundo no por la presentación pública de un programa teórico, sino, sobre todo, porque él mismo se identificó con su programa y lo realizó con pasión.
Leyendo los Evangelios es difícil escapar a la impresión que, en sus páginas se nos presenta un hombre de verdad (ni personaje genérico, ni invención literaria). Una comunidad anónima carente de recursos literarios y de capacidades creativas no habría podido forjar un personaje de tales proporciones. La descarnada trama narrativa de los Evangelios, su aire espontáneo y descuidado termina dando un sorprendente relieve a ese hombre apenas esbozado, pero vigorosamente esculpido.


3.- Su estilo personal

En las narraciones evangélicas pueden reconocerse algunos trazos predominantes o características individuales de la figura de Jesús, incluso cuando los autores no pretendieron expresamente ponerlos de relieve. Quedan esculpidos inexorablemente en las palabras y en las acciones que él, como toda persona que habla y actúa, modeló a su imagen y semejanza y en las cuales dejó la impronta inimitable de su personalidad.
Se trata del estilo vital y único que transita por todas partes en los Evangelios. Sus palabras tienen un sonido personal y un colorido inconfundible. Le gusta la descripción concreta, intuitiva, la agudeza ingeniosa, la antítesis tajante, a veces la exageración grotesca. Sobre todo, en muchos lugares resulta una característica conciencia de majestad que pertenece al estilo de Jesús en un sentido mucho más exclusivo y que carece de paralelos.
Apreciamos líneas constantes en la conducta de Jesús: amor permanente a los pecadores, compasión hacia todos los que sufren, rechazo de toda clase de fariseísmo... Y en todo ello, y por encima de todo, una orientación radical hacia Dios, hacia el Señor de soberanía sin límites que también es Padre.
El lenguaje de Jesús se caracteriza por una conciencia de sí de singular majestad..., por un acento que es, al mismo tiempo, de autoridad y de simplicidad, de bondad y de sugerencia escatológica. Su mensaje, que constituye una cima nueva e insuperable de la larga historia religiosa humana, no procede por medio de la revelación sensacional o arcana, ni siquiera mediante un razonamiento teológico discursivo; es, más bien, comunicación inmediata de cosas poseídas desde siempre y cotidianamente experimentadas...


4.- Concreto y humano

El piensa y se expresa habitualmente por medio de imágenes y comparaciones muy sugestivas que, por ser extraídas de la observación de la naturaleza y de las costumbres de la vida, no resultan nunca banales: los lirios vestidos mejor que Salomón, la clueca que recoge a sus polluelos bajo las alas, el rojo de la tarde que anuncia el buen tiempo, los hombres vestidos de lobos rapaces, los prudentes como serpientes y sencillos como palomas, la paja vista en el ojo ajeno y la viga no vista en el propio, los remiendos viejos que no le van al vestido nuevo, el vino nuevo que revienta los odres nuevos, la ciudad construida sobre el monte, la lámpara puesta sobre el candelero, un ciego que guía a otro ciego...
Hablando con esa expresividad, profundiza con inmediatez su sentido de la realidad, su observación del encanto de la naturaleza, la riqueza de su imaginación, el gusto por las manifestaciones humildes de la vida cotidiana..., pero, sobre todo, un conocimiento agudo del corazón del hombre, fuente del bien y del mal. En ello se transparenta la Galilea de su tiempo, una sociedad bulliciosa que vive en las más variadas profesiones y situaciones: campesinos, pastores, mercaderes, pescadores, cobradores de impuestos, albañiles, invitados a bodas, patrones y siervos, niños que juegan en la plaza, enfermos necesitados de médico, fariseos satisfechos de sí mismos, el muchacho que se escapa de casa... Un entero mundo que vive y muere, festeja y sufre, oprime y es oprimido. Es en este contexto, en el que Jesús participa con atenta ternura. , con desdeñosa condena, con profunda compasión.
Pero, es en el uso de las Parábolas en donde, Jesús, manifiesta su genio personal y su maestría como narrador. No la fábula (que pone en escena animales), ni la alegoría (tan del gusto de los rabinos, que juega con el simbolismo y las ideas abstractas); sino la parábola que pone en escena hombres reales en su vida cotidiana y en su problemática familiar. Lo que importa en ellas es el comportamiento de los personajes, más que las ideas: la caridad del buen samaritano, la astucia del administrador infiel, el gozo del padre que recobra a su hijo...
A través de las parábolas, Jesús se propone provocar un cambio en sus oyentes alcanzándolos en las situaciones concretas, apoyándose no en la autoridad de textos bíblicos comentados, sino en la fuerza de la experiencia. La parábola se convierte en boca de Jesús en un medio inteligente de diálogo con sus interlocutores, a los que asigna una función en la parábola misma para poderlos conducir, por la vía del autoconvencimiento, a cambiar de vida. Por eso el uso de la forma interrogativa: ¿Quién de vosotros?, ¿qué os parece?, etc.
Es siempre con la parábola como Jesús prefiere hablar de Dios o del papel que Dios le ha confiado a él en la tierra. Las parábolas nos conducen a ver la realidad como la veía Jesús, pero antes nos invitan a encontrar al mismo Jesús, la conciencia que tiene de sí y de su misión.


5.- Coherente con su proyecto de vida

Los Evangelios son el testimonio de un hombre que supo vivir de verdad para los demás. Él no quiso elegir para sí la vida del desierto, donde consumar una ascesis imperturbada, sino los caminos de su tierra, que le permitirían a él, profeta itinerante del Reino, encontrar a sus hermanos en las más variadas condiciones. Él existe sólo para los enfermos, los pecadores, los discípulos, para esa multitud que le parecía como un rebaño disperso y sin pastor.
No se echa atrás ante las barricadas de la pureza ritual, que le impedían tener contacto con los leprosos, pecadores... Come y bebe con ellos como signo de alegre comunión, aunque se gane las condenas de los fariseos. Para Él, sólo cuenta el amor desinteresado que no hace distinciones entre buenos y malos. En esto se compendia todo su Evangelio y su misma vida.
Jesús pone en acción sus poderes extraordinarios, sin que ni siquiera le retenga la inviolable ley del reposo sabático, para liberar a los hombres de la enfermedad física o espiritual. Pero rechaza tajantemente hacer milagros para satisfacer la curiosidad o para ganar prestigio...
Jesús siguió el proyecto de vida que se dio a sí mismo: darse como regalo a todos, comenzando por su Abba; estar a su servicio sin reservas y sin hastío. Incluso la muerte, que cada hombre vive como puede, oprimido como está por su drama supremo, Jesús se propone transformarla en don para el mundo. Y muere implorando perdón para aquellos que lo han llevado a la muerte.


6.- Auténticidad

Jesús está dominado por una profunda exigencia de autenticidad: lo manifiesta su choque con el formalismo farisaico. Aborrece la hipocresía y la ostentación en el cumplimiento de las obras buenas (ayuno, limosnas, oraciones). Caricaturiza la ostentación de los hipócritas: tocan la trompeta delante de sí en las sinagogas y en las plazas... Está lleno de admiración, en cambio, por el publicano que tiene el valor de reconocerse pecador.
La rectitud debe llegar al punto de hacer el bien sin buscar complacencia: no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha. La moralidad de la observancia puramente exterior no basta; es preciso que, los deseos e intenciones, estén en consonancia. De hecho, la lámpara luminosa de la acción es la intención escondida. Nada dispensa de la autenticidad del corazón.
Pretende devolver el primado a la conciencia, liberándola del fardo pesado y molesto de las tradiciones humanas, para que la fuente del bien vuelva a ser el corazón colocado ante la Palabra de Dios. Actúa así a favor de una liberación que llegue hasta las raíces del hombre y lo lleva a un amor universal y veraz y al culto divino en espíritu y verdad. Sólo entonces la ley y el culto, el sábado y la oración, recuperarán su significado originario.


7.- Libre

Jesús vivió la libertad de un modo que sorprendió e incluso escandalizó. El ambiente no favorecía la libertad, y lo pagó con su vida. Su comportamiento se encontró frecuentemente en contraste: contraste con el ambiente religioso de su tiempo; contraste con cuánto los hombres esperaban de él.
Él, es libre en relación con sus parientes (incluida su madre); frente a la ley de la pureza ritual, para ir directamente al encuentro del hombre y de Dios. Libre sobretodo, y de un modo sorprendente, frente a la fundamental concepción farisaica, según la cual la salvación viene de la observancia de la ley. Jesús, en cambio, trabaja por devolver el primado al Padre de la gracia misericordiosa.
Jesús es libre de las ambiciosas expectativas mesiánicas y nacionalistas que todos los de su entorno hubieran querido imponerle. De este modo, Él se encontrará completamente solo, en el camino de un mesianismo no aceptado ni comprendido por nadie: el mesianismo de la cruz.
Su fuerza de libertad interior nace de la obediencia a al Padre, que tanto Él, como todos los hombres le deben. Es la voluntad divina la que sostiene y funda su libertad. Él reivindica la libertad no teorizando, sino obrando; pero nunca para crearse a sí mismo una existencia más fácil, sino para hacer más libres a los demás.


8.- Antiguo y nuevo

Jesús no es un apátrida o vagabundo; pertenece plenamente a su ambiente, acoge la situación que le ha tocado en suerte. Él hace suyo el pasado de su gente, al ritmo de las promesas de Dios, guiado por las enseñanzas indiscutibles de los profetas, depositario de la predilección divina, educado en la ley y en las tradiciones sagradas. Comparte la fe monoteísta de los padres, el culto del sábado y del templo, los mandamientos y la espiritualidad de la alianza. Su participación de la herencia común es tan real, que muchos estudiosos hebreos creerían poder explicar a Jesús de Nazaret sólo con las coordenadas del judaísmo y del rabinismo de aquel tiempo.
Pero, situado totalmente en su tiempo, emerge con su impresionante originalidad y con su genio particular. Es un soplo de novedad en la gris monotonía de un judaísmo ya sólo repetitivo de la ley y de las tradiciones. Resulta nuevo incluso en el pasado común que comparte con su pueblo. Nuevo en su referencia a Dios, al que considera su Padre; nuevo su respeto por la ley, a la que piensa que debe completar; nueva su conciencia de pertenencia al pueblo elegido, abriéndose al universalismo más generoso; nueva la esperanza mesiánica de la que no comparte las ambiciones triunfalistas; nueva la estima por el tiempo presente, que considera el momento apremiante de la conversión a la fe en el Reino; nueva la proyección hacia el futuro, visto como salvación universal.
Nuevo también respecto a los modelos sociales: Jesús no es ni sacerdote ni escriba, ni reformador social, ni maestro de moral, ni revolucionario ni conservador, ni monje ni asceta, ni político ni espiritualista... Ningún esquema, ningún tipo humano consigue encuadrarlo ni le sirve de parámetro. Jesús supera toda categoría de quien quiera encuadrarlo.


9.- Comprensivo y exigente

Jesús se revela dotado de una extraordinaria capacidad de comprensión, no sólo de la situación humana en general, sino también de las situaciones personales más variadas; las acoge con actitud de comunión y las domina desde dentro, con respeto viril. Era una acogida llena de benevolencia, de la que surgía el perdón, sin encontrar resistencias secretas. Los Evangelios están plagados de estos encuentros de perdón: la adúltera, Zaqueo, la samaritana...
Parece que a Jesús le bastan la fe y el arrepentimiento. No pide otra cosa a los hombres que encuentra. Pero cuando formula las condiciones para su seguimiento presenta exigencias que prácticamente no tienen límites: vender..., renunciar..., tomar la cruz... Es posible que esas condiciones ilimitadas de generosidad sean la medida que Jesús tiene de sí mismo, el eco de su proyecto de vida: donación de sí mismo que quiere ir hasta el fondo, sin reservas. La comprensión y el rigor no se alternan en Él, sino que se identifican en una única lógica: la de la radicalidad del amor.
A sus discípulos les pide la misma radicalidad, a pesar de conocerlos profundamente: perdonar setenta veces siete; ser misericordiosos como el Padre celestial; abandonarlo todo para seguirle; hacer el bien a quienes nos hacen el mal. Los discípulos de entonces, como los de siempre, se asustan de esta exigencia; pero ellos saben una cosa: que el Maestro va adelante en el camino propuesto y que los acogerá siempre con la misma capacidad de perdón.


10.- Doliente y feliz

En los Evangelios, Jesús camina consciente de llevar sobre sus espaldas una inmensa responsabilidad. La conciencia de representar la decisión suprema de Dios y el giro final de la historia caracteriza al profeta de Nazaret. Esta conciencia, sin embargo, no lo encorva ni lo aplasta, antes bien, da a su figura una noble gravedad profética.
No tiene aire de juglar ecologista o de payaso patético. Advierte, sí, la belleza de la naturaleza y las alegrías de la vida humana, pero no se queda en ello. Tiene ante los ojos y en el corazón el triste espectáculo de la situación humana. Las realidades más cotidianas de su vida pública fueron las desgracias humanas: pecado, enfermedad, muerte, injusticias... Ante los hombres muestra una aguda capacidad de penetración y una dedicación redentora incansable.
Pero esta dolorosa experiencia de los males humanos que le aflige, coexisten en él con el candor de su referencia radical al Padre. Con su Dios mantiene relaciones de espontánea familiaridad y de entrega filial, inéditas en la historia religiosa de la humanidad. Le asiste la gran certeza que Dios ha decidido intervenir con el peso de su potencia liberadora; es más, su intervención ha comenzado ya, y es Él mismo (Jesús) la inauguración del reinado de Dios sobre los males humanos. De ahí su fundamental optimismo en su modo de ver la historia humana. El lector de los Evangelios se sumerge continuamente en esta conciencia indestructible del profeta de Nazaret: (Dios reina hasta el punto de hacer bienaventurados, ya ahora, a los pobres y a los que sufren!
No es difícil entrever la secreta felicidad de este hombre al sembrar por todas partes su noticia grande y hermosa (Evangelio), pese a que los textos evangélicos no siempre son demasiado elocuentes al describirla.
¡Cuánto tuvo que luchar para demostrar a los hombres el amor liberador del Dios que inaugura su Reino!
Esta el la esperanza que Jesús ha encendido en el mundo y la bienaventuranza que ha dejado en herencia.


11.- Magnánimo

Jesús no tuvo una vida fácil. La muchedumbre, los discípulos, los fariseos, la familia..., intentaron desviarlo de su camino. Él, sin embargo, se muestra decidido a proseguir hasta el final su misión, aunque se quede solo. No aparece indeciso sobre lo que tiene que hacer; supera la tentación con el recurso a la voluntad del Padre. Renuncia a la violencia, pero no a la lucha, que se convierte en el pan cotidiano de su intensa vida pública. No se hace la ilusión de éxitos fáciles, ni siquiera en la así llamada primavera de Galilea. Sabe hasta qué punto es exigente su seguimiento, y afirma, sin términos medios, haber venido a traer no la paz, sino la espada.
No obstante, su fortaleza de ánimo no tiene nada de estoico. Es discreta y sufrida. No es la fortaleza del héroe, totalmente orientado a la afirmación de sí mismo y entusiasmado por el peligro y el dolor. Su heroísmo reside por completo en la aceptación humilde de la voluntad de Dios y en dejarse comer por todos hasta el final. Su agonía es la negación del heroísmo en sentido clásico. Qué distinto el Jesús de Getsemaní, del filósofo Sócrates, que en la vigilia de su muerte disertaba serenamente sobre la inmortalidad del alma.
Jesús pide la misma magnanimidad a sus discípulos, a los que exige opciones definitivas y decisiones irrevocables. No cabe servir al mismo tiempo a dos señores. Pero Jesús se distancia del rigorista intransigente, incapaz de comprender a aquellos que no saben caminar derechos. Nadie como Jesús sabe comprender a fondo el corazón humano.


12.- Auténtico
En Jesús hay lugar, además, para la inmediatez y la espontaneidad de esos sentimientos y esas reacciones que caracterizan al hombre concreto, al verdadero semita. No es un voluntarista, asceta y nivelador de sus emociones. Sabe airarse como los profetas. Conoce la amistad y la ternura. Los evangelistas hacen notar el sentido de profunda compasión que le inundaba frente al dolor humano. Llora a su amigo muerto y sobre la ciudad que, a causa de su ceguera, se encamina hacia la destrucción. Expresa su admiración entusiasta por la fe del centurión, de la cananea, de la viuda que echa secretamente su moneda en el templo. Abraza con ternura a los niños... Advierte la falta de reconocimiento de los nueve leprosos curados...
En la pasión siente terror por la muerte inminente y concibe la idea de pedir al Padre un cambio imposible. El miedo a la soledad le empuja a pedir a los discípulos que permanezcan cerca, aunque ellos lo dejarán solo. Especialmente en Marcos, los sentimientos de Jesús aparecen vivaces en extremo: maravilla, indignación, amargura, compasión, miedo, angustia.


13.- Grande y humilde

Llama la atención el elevadísimo concepto que tiene de sí mismo. No existe un caso semejante en toda la historia de la humanidad. Y si es extraordinaria la conciencia que tiene de sí, lo es también el modo con que esta conciencia se presenta: con una humildad desarmada.
Se atribuye poderes que sólo competen a Dios, pero se considera tan sólo el siervo obediente de ese su Dios. Se tiene por el Mesías de las antiguas promesas divinas, pero su mesianismo aborrece el poder y la grandeza que todos esperan. Considera que en Él se da el acontecimiento del reino de Dios, pero este Reino viene en el silencio y de modo escondido. Se sabe en una relación única con el Padre, pero se arrodilla ante Dios implorando como cualquier pobre hombre y aceptando su difícil voluntad. Realiza milagros, pero nunca por prestigio propio, sino prohibiendo hablar de ello, casi atribuyéndolos a la fe de los que han recibido el beneficio, huye y se oculta si alguien piensa en hacerlo rey. Si hay un momento en que afirma explícitamente su realeza y mesianidad, es precisamente durante su proceso, ante Pilato y el Sanedrín.
Se buscó un puesto entre los humildes del pueblo, que fueron sus interlocutores cotidianos y los destinatarios preferidos de su Evangelio y de su solicitud; entre la gente de mala fama, que ningún rabino respetable debería haber frecuentado. Desprovisto de toda legitimación pública para su misión de maestro o profeta (no tiene títulos) en compañía de modestísimos pescadores que deberían recoger su herencia; sin un mínimo de razonable organización para una misión de alcance incalculable; armado sólo de una fe inquebrantable en su Dios y de confianza en la capacidad de conversión de los hombres.
Vivió una humildad auténtica, que hizo purísimo y creíble su testimonio.


14.- Pero... ¿Quién es éste?

Sublimidad y simplicidad, grandeza y humildad, santidad y cercanía al hombre pecador, comunión intensa con Dios y atención diligente al hombre, ternura e indignación profética, comprensión para la fragilidad humana y exigencias sin límites, realismo dramático y sereno optimismo, gravedad y candor, conocimiento de la maldad innata en el corazón humano y confianza en sus posibilidades de conversión, capacidad de dominar a los hombres y a las cosas e impotencia silenciosa ante sus jueces...
Todo en Él parece regirse por el hilo de la simpleza, para después unificarse con armoniosa espontaneidad en su persona, tan auténtica y simple que parece uno de tantos. Ninguna figura humana conocida por la historia y la literatura de todos los tiempos se puede comparar con el hombre de los Evangelios.
Antes aun de que nos provoque con su pregunta: ¿Quién decís que soy yo? (Mt 16,15), nosotros mismos ya nos lo estamos preguntando: pero... ¿Quién es este?.

EVANGELIOS

GÉNERO LITERARIO.

No es posible encuadrar los evangelios en ningún género literario en uso en la cultura de entonces o de ahora. Aunque son documentos de historia no son una historia de Jesús. Tampoco son biografías o hagiografías o simples memorias de gestos y acontecimientos pasados, aunque de todo ello tenga un poco. Son algo completamente distinto y nuevo, que crean y agotan su propio género literario.
La novedad radical que hace de los evangelios ser documentos escritos absolutamente únicos, consiste en que el héroe de los relatos, de los milagros, de los discursos, está vivo, y su presencia y su palabra siguen resonando y actuando en medio de la comunidad cristiana y del mundo entero, con su poder Salvador. Dicho de otro modo: fueron, son y seguirán siendo hasta el final de los tiempos Palabra viva de Dios.


FORMACIÓN DE LOS EVANGELIOS.

Los cuatro evangelios nacieron de una tradición o evangelio oral, es decir, del anuncio y la predicación de los testigos de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Por algún tiempo fue la palabra el único medio de transmisión y difusión de la Buena Noticia. La cultura oral de aquel tiempo, basada en la importancia de la memorización individual y colectiva, no necesitaba de la escritura para preservar con fidelidad el mensaje de Jesús. Y así lo hicieron sus primeros seguidores tanto en la evangelización y en la catequesis, como en las oraciones e himnos de sus liturgias y celebraciones eucarísticas.


PRIMERAS TRADICIONES ESCRITAS.

Se hizo necesario poner por escrito en hebreo y arameo (lenguas locales) los principales hechos y dichos de Jesús para ayuda de la catequesis, de la predicación y otros usos de las comunidades que se desarrollaban y crecían en número.
Así nacieron los primeros documentos escritos. Probablemente lo primero que se escribió fue el acontecimiento más importante de la vida de Jesús: su pasión, muerte y resurrección. Fueron apareciendo resúmenes o colecciones de sus milagros, de sus parábolas, de sus discursos. Este material abundante es el que pasó después a nuestros cuatro evangelios.


LOS CUATRO EVANGELIOS

La rápida difusión de la comunidad cristiana fuera del ámbito religioso, cultural y lingüístico de palestina, necesitaba de una renovada presentación del mensaje de Jesús, adaptada e inculturizada, que respondiera a la nueva situación de las iglesias locales.
Todos escribieron en griego, la lengua franca del imperio por aquel entonces. Fue un importante esfuerzo de inculturización pues el griego no era la lengua materna de los evangelistas y se nota. Sólo Lucas, proviene del helenismo y se siente a gusto escribiendo en su idioma.
Los evangelistas, no fueron simples recopiladores que se limitaron a ordenar, traducir el material ya existente. Fueron verdaderos autores, quienes al seleccionar, adaptar, ampliar o abreviar sus fuentes dejaron su impronta personal, es decir su experiencia de fe, su visión de Iglesia y el conocimiento que tendían de las necesidades y problemas concretos de las comunidades cristianas para las que escribieron. Aunque unidas en una fe común, eran comunidades de cultura y contextos diferentes, separadas no sólo por la geografía, sino también por el tiempo. Entre el primer evangelio que escribió Marcos hasta el último que escribió Juan pasaron varias décadas.


LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS

El término sinóptico, en griego visión de conjunto, ha sido aplicado desde hace un par de siglos a los escritos de Marcos, Mateo y Lucas, por el gran parecido que tienen entre sí, realidad que los distingue claramente del evangelio de Juan.

Lo que parece ser cierto, es que el evangelio de Marcos fue el primero que se escribió, sirviendo de base para los escritos de Mateo y de Lucas, los cuales no sólo incorporaron a sus respectivas obras el material de Marcos, sino que utilizaron también las primeras tradiciones escritas de los dichos y hechos de Jesús.
Seguramente Marcos, aparte de sus propias fuentes de información, se inspiró en esas mismas tradiciones. Mateo y Lucas completaron su labor. Estos dos evangelistas, además de las tradiciones mencionadas, tuvieron acceso a otras tradiciones que aparecen sólo en cada uno de ellos, conocidas con las iniciales “M” y “L” de Mateo y Lucas respectivamente.
Este entramado de conexiones e influencias mutuas, dan fe de la fidelidad a la Palabra transmitida que presidió la composición definitiva de los evangelios. El mantener intacto el depósito de la revelación fue la gran preocupación de la iglesia primitiva como lo demuestran muchos escritos el nuevo testamento, especialmente las cartas pastorales: (…)”lo que me escuchaste en presencia de muchos testigos transmítelo a personas de fiar, que sean capaces de enseñárselo a otros”(2Tim.2,2)…

lunes, 30 de marzo de 2009

तिएमोस लितुर्गिकोस

TIEMPOS LITÚRGICOS

La Liturgia Dominical, con sus cuatro Lecturas Bíblicas y la Fracción del Pan, hace presente el Amor y Fidelidad de Dios con el hombre y su creación. Las dos primeras lecturas se toman del Antiguo Testamento, donde siempre se incluye un Salmo y, las otras dos lecturas son proclamadas del Nuevo Testamento, incluyendo la lectura del Evangelio.

Las lecturas de la Sagrada Escritura se han ordenado en tres Ciclos (A, B y C) y, en años pares e impares. De este modo en tres años un cristiano católico habrá escuchado o leído en las Celebraciones Eucarísticas gran parte de la Sagrada Escritura. El año 2009 es Año Impar y se leen las lecturas que corresponden al Ciclo B.

Ahora bien, la Iglesia Católica, ha definido los Tiempos Litúrgicos para que la comunidad creyente escuche, acepte y haga vida la Palabra de Dios, teniendo como centro la Eucaristía.
Estos, tienen cinco grandes momentos que son el Tiempo de Adviento (cuatro semanas o domingos antes de Navidad). El segundo, es el Tiempo de Navidad. Luego le sigue el tercero, llamado Tiempo Ordinario, donde se expone la vida de Jesús, que se deja en suspenso, para dar paso al Cuarto momento, que es el Tiempo de la Cuaresma que comienza con el miércoles de Ceniza y que culmina con la Semana Santa que se cierra con la celebración de la Fiesta de Pascua de Resurrección. El Tiempo Pascual (quinto tiempo) finaliza con la Fiesta de Pentecostés. Después, continúa el llamado Tiempo Ordinario, donde se exponen las enseñanzas de Jesús y, la vida de la Iglesia Primitiva. Después de la Fiesta de Cristo Rey, se inicia un nuevo Ciclo del Tiempo de Adviento a fines de noviembre o principios de diciembre.
Estos son los Tiempos Litúrgicos de las Celebraciones Cristianas Católicas en beneficio de la fe.

En estos momentos, la Iglesia celebra la segunda semana del Tiempo de Cuaresma, cuyo objetivo es la preparación de la celebración de la Fiesta Litúrgica más importante que es la Pascua de Resurrección antecedida por la Semana Santa.
En este Tiempo de Cuaresma, las lecturas bíblicas proclamadas del Antiguo Testamento, hacen sentir y comprender con claridad a los Profetas, sobretodo al Profeta Isaías en los cuatro Cantos del Siervo de Yahvé.
El Papa Benedicto XVI y nuestro Pastor, el Obispo de la Diócesis monseñor Cristian Contreras, uno desde la sede romana y el nuestro, desde su Cátedra en San Felipe, orientan y conducen con sus enseñanzas y exhortaciones apostólicas a las comunidades cristianas para que vivan cada Tiempo Litúrgico en beneficio de nuestra propia salvación, en beneficio del hombre y de la sociedad.

Tiempo de Cuaresma es tiempo de ayuno, abstinencia y de mucha oración.
Con fuerza escribo que el Ayuno y Abstinencia pasa por una Tríada Interna: Oración-Conversión-Obras de Caridad y, no por el cumplimiento de una tradición externa que, responsablemente digo, está fuera de tiempo (eso de comer pescado el Viernes Santo y que la T.V. convierte en gran noticia y en farándula religiosa).

El Ayuno es dejar algo y, ser solidario con un familiar cesante. Es Abstenerse de algo en beneficio del más débil que, en ocasiones está bajo el mismo techo: un miembro de la familia que le cuesta comunicarse, trasladarse, que tenga una enfermedad o que tenga un defecto, debilidad o vicio.

El Ayuno es Abstinencia. Abstenerse, por ejemplo, de hablar mal de otro, dejar y controlar la violencia y el “mal genio”, evitando las palabras groseras para enriquecer el vocabulario y lenguaje en beneficio de la comunicación.
¿Habrá alguien libre de haber hablado mal de un pariente? ¿De su cónyuge?
¿De un superior o compañero de trabajo? ¿De un hermano de la comunidad?

Con todo lo anterior, soy un convencido que al Padre Nuestro, más que los sacrificios externos (eso del pescado), reclama los internos:
¡Cambia tu soberbia por humildad!
¡Cambia tu corazón de piedra por uno de carne!
¡Ama a tu prójimo!
El pescado conviértelo en pan para el pobre. ¡Eso!

Y, si por problemas de conciencia y tradición no puedes ¡Comparte el pescado con el hambriento!, no el que quede o “sobre”, ¡El que está en tu plato! ¡Ése!
Los Tiempos Litúrgicos cuando se viven, se transforman en Anuncio.
Dios nos de la gracia y fuerza para hacerlo en nuestras vidas.
Que sea feliz.

ला इम्प्रुदेंकिया

LA IMPRUDENCIA

La imprudencia es una de las acciones por la cual, las personas, o toman una determinación equivocada, o realizan algún comentario inapropiado (infidencia). Por otro lado, impulsa a una persona a sobredimensionar sus capacidades físicas o intelectuales, exponiéndola a riesgos innecesarios, dejando a personas en la total ruina económica o bien, a toda una organización quebrada, a una ciudad o un país.
El imprudente no se sabe imprudente durante la acción y, cuando reflexiona, culpará a otros o bien, se culpará a si mismo de modo enfermizo.
Por otro lado, hay personas que cometen otros actos que, de suyo, son imprudentes puesto que causan otro tipo de muerte a terceras personas. Me refiero a las personas que algo no les funciona bien y se placen en hablar mal de otros o, en indisponer a terceras personas. Ellas, aparte de sufrir de esa necedad, son personas maledicientes. Su impulso de hablar mal de otros es tan incontrolable, como lo es el de una persona que sufre de gula.
Nuestro desafío es saber cómo relacionarnos con ese tipo de personas. No es tarea fácil, sobretodo, si es un vecino, un pariente cercano o, un compañero de trabajo. No me parece adecuado o prudente (de recta razón), si esa persona ha hablado mal de usted, enfrentarla y expresar su molestia, rabia o dolor por su acción imprudente y malediciente. Expresar la justa molestia, dolor, ira es el primer impulso que se nos viene... pero acercarse a alguien de esas características, es alimentar su mal funcionamiento interior y su maledicencia porque hablará más y peor de usted.,,, hacer nada, no es lo adecuado, pero sí, bueno es dejar constancia de los hechos, de forma y modo prudente (ojalá escrita) y tener la paz y fortaleza interior ante las mentiras y calumnias.
Y, si usted es cristiano y católico, sabrá que el Espíritu Santo se encargará de su defensa y, que la persona de labios y boca imprudente tendrá mucho trabajo para defender su mentira con una segunda mentira y con una tercera, hasta que ellas se vuelvan en su contra.

Ahora bien, muchas son las personas de Juntas de Vecinos, Clubes Deportivos, de Centros Generales de Padres, de Comunidades Cristianas, personas públicas como dirigentes sindicales, concejales, alcaldes, gobernadores, diputados y senadores, los pastores y sacerdotes, los profesores, los policías, las voluntarias de hospitales, etc...,, todos ellos están expuestos a los malos comentarios, descalificaciones, mentiras y calumnias. No pocos han dejado sus cargos, debido a las presiones de personas mal intencionadas y de labios maledicientes.
A todas las personas de buena voluntad, les animo a que no desfallezcan en sus buenos propósitos a causa de las infaltables lenguas venenosas pertenecientes a personas necias e imprudentes.
Si su espíritu de servicio está por sobre el interés de un partido político ¡Ánimo!.
Si su espíritu de servicio está por sobre el afán de poder, ¡Perseverancia!
Si su espíritu de servicio está lejos de la tentación de pensar que un cargo público lo hará famoso, una gran autoridad o, que le dará beneficios personales, ¡Fortaleza!
Les animo a no desfallecer si sus intenciones son nobles, rectas y buscan el bien común.
Jesús, por llevar la salvación, misericordia y el amor de su Padre a todos los hombres, fue calumniado y acusado de ser comilón y borracho, amigo de pecadores y publicanos (Marcos 2,15-16).

Por último, le invito ser Prudente.
Preocúpese de usted, de su fe y vida interior, de su paz, ... preocúpese de mantener viva la llama de la fe... no sea imprudente, la fe no la deje para el final de su vida. El prudente alimenta su fe y trabaja por ella porque sabe, tendrá toda una eternidad para gozar de la presencia de Dios, gracias a su prudencia. El imprudente...
Que sea feliz.

EUTANASIA

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA EUTANASIA.

En nuestra ciudad, muchas familias atienden en sus hogares a enfermos y ancianos que sufren una larga enfermedad. Otros, cargan con la cruz de un familiar hospitalizado por largo tiempo. Muchas son las preguntas que legítimamente se podrán hacer al respecto. Esta realidad motivó el presente artículo; dar una luz a un tema que es doloroso.

ALGUNAS CONSIDERACIONES.
La eutanasia es la práctica que procurar la muerte y la distanasia es la práctica que tiende a alejar lo más posible la muerte prolongando la vida de un enfermo, de un anciano o de un moribundo sin esperanza alguna de recuperación.
En la tradición moral se han distinguido varios tipos de eutanasia. Ellos son:
1.- La eutanasia positiva o activa, que es el acto de privar de vida a una persona humana por razones de dolor y sufrimiento.
2.- La eutanasia positiva directa; es aquella en que se recurre a una acción cuyo efecto inmediato es privar de vida a una persona humana.
3.- La eutanasia positiva indirecta; es aquella en que se practica una acción que tiene un efecto inmediato bueno, pero que comporta simultáneamente, la muerte de una persona humana.
4.- La eutanasia negativa (pasiva); se refiere al mero acto de privar a un enfermo de aquellos medios médicos que podrían prolongar su vida.
5.- La eutanasia voluntaria; es aquella en que la muerte procurada resulta de la petición libre y consciente del paciente.
6.- La eutanasia no voluntaria; es aquella en que la muerte procurada no corresponde a una decisión del paciente sino de otras personas.

LA VALORACIÓN ÉTICA.
Existe unanimidad ética contra la eutanasia como práctica para abreviar la vida de un enfermo terminal. La supresión de la vida es éticamente inaceptable.
La afirmación de que los enfermos terminales o los enfermos incurables no pueden ser felices es simplemente falsa, porque nadie tiene el derecho de aplicar a otros seres humanos, sus propios criterios acerca de la felicidad en la vida, hasta el punto de deducir de ellos un motivo para privar a otra persona de la vida y, por consiguiente, de toda oportunidad de acceso a la felicidad.
El argumento de la carga emocional y cíclica que deben soportar los padres y familiares, debiera ser enfocado más bien a otro problema cuya solución está en la ayuda que se les debiera brindar.

Frente a la Distanasia, es decir; el afán desmesurado de prolongar la vida humana, (la vida vegetativa del organismo humano), habrá que precisar lo siguiente:
1.- Nadie está obligado a recurrir a tratamientos extraordinarios para prolongar la vida de un enfermo terminal.
2.- Se dan situaciones en las que se puede dejar morir al paciente. Aquí hay que discernir muy bien entre la esperanza de prolongar la vida, y el sufrimiento que la vida prolongada puede causar al paciente y a su familia.
3.- No hay que hacer siempre y en todas las circunstancias el máximo por conservar la vida del enfermo, es preciso tomar en cuenta los seis aspectos siguientes: la esperanza de vida; la voluntad del enfermo y sus familiares; las características de la terapia utilizada; el estado objetivo y subjetivo del paciente; los costos de la terapia utilizada en relación con su producto actividad de éxito, y el estado posterior del paciente.
La existencia meramente biológica no significa necesariamente una vida humana.

Hay otra corriente moralista que proporciona un enfoque sobre la Eutanasia y la Distanasia desde la perspectiva de la voluntad del enfermo.
Esta corriente rechaza como moralmente inaceptable cualquier eutanasia coactiva, impuesta a un enfermo contra su voluntad. Esto incluye el caso de un paciente inconsciente, cuya voluntad es desconocida.
En el caso de la eutanasia voluntaria, es decir, libremente elegida, es preciso señalar que, en primer lugar, es de suma importancia saber interpretar el mensaje del enfermo terminal. Detrás de una petición angustiosa de eutanasia puede estar una llamada de auxilio, de diálogo, de necesidad de calor humano y de cariño. Por lo cual, lo primero es preguntarse si se le está prestando la atención humana que el enfermo necesita. En segundo lugar, ser explícito al administrar calmantes para aliviar el dolor y el sufrimiento del enfermo terminal. Frente a una petición directa de eutanasia, aunque sea comprensible la angustia y el dolor que provocan tal petición, no es éticamente lícito ceder a ella.
La interrogante que plantea la eutanasia es: ¿puede ser éticamente aceptable en determinadas circunstancias el aportar intencionalmente al proceso de un fallecimiento? Este planteamiento implica tres situaciones:
La interrupción de esfuerzos destinados a prolongar el proceso, la petición del enfermo a abreviar el proceso mediante una intervención activa y directa, y la intervención activa de otras personas que asumen la iniciativa de acortar intencionalmente el proceso de morir de un enfermo terminal.
El código de ética del colegio médico de Chile (1983) establece en el artículo 27 (…)” el médico no podrá deliberadamente poner fin a la vida de un paciente bajo consideración alguna. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitir. Nadie, además, puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad.(…) y, el artículo 28 expresa lo siguiente: (…)”toda persona tiene derecho a morir dignamente. Así, pues, los procedimientos diagnósticos y terapéuticos deben ser proporcionados a los resultados que se pueden esperar de ellos. (…) ante la inminencia de una muerte inevitable, sin interrumpir los medios mínimos habituales para mantener la vida, es lícito al médico en conciencia, tomar la decisión de no aplicar tratamientos que procuren únicamente una prolongación precaria y penoso de la existencia. Asimismo, ante la comprobación de muerte cerebral, el médico estará autorizado para suspender todo procedimiento terapéutico ”(…)


El derecho a morir con dignidad no significa de ninguna manera Eutanasia sino, el derecho a una muerte humana. A este respecto, la declaración sobre la eutanasia de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, (1988) expresa:( …)” es muy importante hoy día proteger, en el momento de la muerte, la dignidad de la persona humana y la concepción cristiana de la vida contra un tecnicismo que corre el riesgo de hacerse abusivo. De hecho algunos hablan de derecho a morir, expresión que no designar el derecho de procurarse o hacerse procurar la muerte que se quiere, sino el derecho de morir con toda serenidad, con dignidad humana y cristiana”(…)
Según el moralista Elizari, esto supone cinco aspectos:
Respecto al modelo de muerte de la persona, alivio del dolor, rechazo del encarnizamiento terapéutico, verdad al enfermo y, acompañamiento del enfermo.
El moralista Marciano Vidal enumera una serie de exigencias que comporta la muerte digna, sobre todo de tipo social:
Atención al moribundo con todos los medios que posee actualmente la ciencia médica: para aliviar el dolor y prolongar su vida humana.
No privar al moribundo del morir en cuanto a acción personal; el morir es la suprema acción del hombre.
Liberar a la muerte del ocultamiento a que es sometida en la sociedad actual; la muerte es encerrada actualmente en la clandestinidad.
Organizar un servicio hospitalario adecuado a fin que la muerte sea un acontecimiento ha asumido conscientemente por el hombre y vivido en un ámbito comunitario.
Favorecer la vivencia del misterio humano religioso de la muerte; la asistencia religiosa cobra en tales circunstancias un relieve especial.

Siendo este tema algo amplísimo y difícil de abarcar en su totalidad, espero que mi breve aporte sustentado en el sacerdote jesuita y experto en moral Tony Mifsud, sea útil para el diálogo y para muchas personas que tienen familiares en estado terminal y que dedican gran parte de su tiempo en atenderles y hacer más liviana su enfermedad.
Y, no puedo dejar de lado a todos los médicos, profesionales y personas calificadas que trabajan en los hospitales, consultorios y clínicas, a todas las Damas del Voluntariado; quienes son una extensión de la mano misericordiosa de Dios, Señor de la Vida.
Para Uds., son estas palabras de Jesús:
“Estuve enfermo y me visitasteis”
¡Ánimo!

Que sea feliz.

José Ramón Toro Poblete
Profesor de Religión y Moral
Liceo Maximiliano Salas Marchán
Email: jomartograf@yahoo.es

viernes, 27 de marzo de 2009

एवंगेलियो दे मार्कोस

EL EVANGELIO DE MARCOS

CONTEXTO HISTÓRICO
La obra de Marcos nos sitúa en la segunda genración cristiana. El Evangelio ya ha traspasado las fronteras religiosas del mundo judío y se ha abierto también a los paganos, llegando hasta el mismo centro geográfico, económico y político del poder imperial romano: la ciudad de Roma.
Allí el cristianismo ha sido catalogado como movimiento sospechoso y es duramente perseguido y castigado. En este contexto, Marcos, escribe el libro.

DESTINATARIOS
Una tardición miuy antigua los identifica con la comunidad perseguida de Roma en tiempos de Nerón (año 64). Se trataría de una comunidad mayoritariamente de origen pagano, pobre y en crisis.

AUTOR, FECHA Y LUGAR DE COMPOSICIÓN
Desde siempre se ha creido que la autoría es de un discípulo de Pedro; el mismo Juan MArcos que s enombra en el libro de Los Hechos de los Apóstoles (Hch.12,12.25; 13,13; 15,37.39) y que envía saludos en Col 4,10; Fil 24.
En cuanto a la fecha, según la tradición, se ubica despuése la muerte de Pedro (año 64) y antes de la destrucción de Jerusalén en la guerra judío-romana (año 70)
En cuanto al lugar de su composición Roma es la hipótesis más aceptada, por ciertas referencias del mismo evangelio, como la explicación de palabras arameas, las alsiones al sufrimiento y persecución, y la relativa frecuencia de palabras y locuciones latinizadas.

SINOPSIS
Inicia el Evangelio con una pequeña introducción que prepara a Jesús para su ministerio (1,1-13)
Sigue la actividad que realiza en Galilea (1,14 - 7,23
Intermedio en Fenicia y Cesarea (7,24 - 8,26)
Todo lo anterior está envuelto en el secreto mesiánico

Cambio decisivo:
La confesión de Pedro, la Transfiguración, el anuncio de la Pasión (8,27 10,52)
Relato de la Pasión, Muerte y Resurrección (14,1 - 16,8)
Apéndice (16,9-20)

EVANGELIOS

La Buena Noticia, no es de origen cristiano pues la usaba el mundo grecoromano para referirise a los anuncios que provenían del rey y que causarían gran alegría en su pueblo.

Género Literario:
No son biografías o hagiografía.
La novedad radical que hace d elos evangelios ser "docuentos escritos absolutamente únicos, consiste en que el héroe de los reatos, milagros, de lso discursos, está vivo y su presencia y palabra sigue resonando y actuando en medio de la comunidad cristiana y del mundo entero con el poder salvador.

¿Con qué fin se escribieron los evangelios?
El evangelista an Juan nos repsonde:
"Este discípulo que da tstimonio de estas cosas y lo ha escrito; y nos consta que su testimonio es verdadero" (juan 21,24)"Estas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengan vida por medio de él"(20,31)

¿Cómo se formaron los evangelios?
Los cuatro evangelios necieron de una tardición oral, es decir, del anuncio y predicación de los primeros testigos de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Por algún tiempo fue la "palabra" el único medio de transmisión y difusión de la nueva noticia. La cultura oral de aquel tiempo, basada en la importancia de la memorización individual y colectiva, no precisaba de la escritura para preservar con fidelidad en mensaje de Jesús. Y así loo hicieron sus primeros seguidores tanto en el evangelizació y en las catequésis, como en las oraciones e himnos de sus liturgias y celebraciones eucarísticas.

Primeras tradiciones escritas
Pronto, se hizo necesario poner por escrito en hebreo y arameo (lenguas locales) los prncipales hechos y dichos del Señor para ayuda de la catequesis, de la predicación y otos usos de las comunidades que se desarrollaban y crecían en número.
Así nacieron los primeros documentos escritos. Probablemente lo primero que se escribió fue el acontecimieto más importante de la vida de Jesús: su pasión, muerte y resurrección. Despuéss, fueron apareciendo resúmenes o colecciones de sus milagros, de sus parábolas, de sus discursos.