lunes, 30 de marzo de 2009

EUTANASIA

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA EUTANASIA.

En nuestra ciudad, muchas familias atienden en sus hogares a enfermos y ancianos que sufren una larga enfermedad. Otros, cargan con la cruz de un familiar hospitalizado por largo tiempo. Muchas son las preguntas que legítimamente se podrán hacer al respecto. Esta realidad motivó el presente artículo; dar una luz a un tema que es doloroso.

ALGUNAS CONSIDERACIONES.
La eutanasia es la práctica que procurar la muerte y la distanasia es la práctica que tiende a alejar lo más posible la muerte prolongando la vida de un enfermo, de un anciano o de un moribundo sin esperanza alguna de recuperación.
En la tradición moral se han distinguido varios tipos de eutanasia. Ellos son:
1.- La eutanasia positiva o activa, que es el acto de privar de vida a una persona humana por razones de dolor y sufrimiento.
2.- La eutanasia positiva directa; es aquella en que se recurre a una acción cuyo efecto inmediato es privar de vida a una persona humana.
3.- La eutanasia positiva indirecta; es aquella en que se practica una acción que tiene un efecto inmediato bueno, pero que comporta simultáneamente, la muerte de una persona humana.
4.- La eutanasia negativa (pasiva); se refiere al mero acto de privar a un enfermo de aquellos medios médicos que podrían prolongar su vida.
5.- La eutanasia voluntaria; es aquella en que la muerte procurada resulta de la petición libre y consciente del paciente.
6.- La eutanasia no voluntaria; es aquella en que la muerte procurada no corresponde a una decisión del paciente sino de otras personas.

LA VALORACIÓN ÉTICA.
Existe unanimidad ética contra la eutanasia como práctica para abreviar la vida de un enfermo terminal. La supresión de la vida es éticamente inaceptable.
La afirmación de que los enfermos terminales o los enfermos incurables no pueden ser felices es simplemente falsa, porque nadie tiene el derecho de aplicar a otros seres humanos, sus propios criterios acerca de la felicidad en la vida, hasta el punto de deducir de ellos un motivo para privar a otra persona de la vida y, por consiguiente, de toda oportunidad de acceso a la felicidad.
El argumento de la carga emocional y cíclica que deben soportar los padres y familiares, debiera ser enfocado más bien a otro problema cuya solución está en la ayuda que se les debiera brindar.

Frente a la Distanasia, es decir; el afán desmesurado de prolongar la vida humana, (la vida vegetativa del organismo humano), habrá que precisar lo siguiente:
1.- Nadie está obligado a recurrir a tratamientos extraordinarios para prolongar la vida de un enfermo terminal.
2.- Se dan situaciones en las que se puede dejar morir al paciente. Aquí hay que discernir muy bien entre la esperanza de prolongar la vida, y el sufrimiento que la vida prolongada puede causar al paciente y a su familia.
3.- No hay que hacer siempre y en todas las circunstancias el máximo por conservar la vida del enfermo, es preciso tomar en cuenta los seis aspectos siguientes: la esperanza de vida; la voluntad del enfermo y sus familiares; las características de la terapia utilizada; el estado objetivo y subjetivo del paciente; los costos de la terapia utilizada en relación con su producto actividad de éxito, y el estado posterior del paciente.
La existencia meramente biológica no significa necesariamente una vida humana.

Hay otra corriente moralista que proporciona un enfoque sobre la Eutanasia y la Distanasia desde la perspectiva de la voluntad del enfermo.
Esta corriente rechaza como moralmente inaceptable cualquier eutanasia coactiva, impuesta a un enfermo contra su voluntad. Esto incluye el caso de un paciente inconsciente, cuya voluntad es desconocida.
En el caso de la eutanasia voluntaria, es decir, libremente elegida, es preciso señalar que, en primer lugar, es de suma importancia saber interpretar el mensaje del enfermo terminal. Detrás de una petición angustiosa de eutanasia puede estar una llamada de auxilio, de diálogo, de necesidad de calor humano y de cariño. Por lo cual, lo primero es preguntarse si se le está prestando la atención humana que el enfermo necesita. En segundo lugar, ser explícito al administrar calmantes para aliviar el dolor y el sufrimiento del enfermo terminal. Frente a una petición directa de eutanasia, aunque sea comprensible la angustia y el dolor que provocan tal petición, no es éticamente lícito ceder a ella.
La interrogante que plantea la eutanasia es: ¿puede ser éticamente aceptable en determinadas circunstancias el aportar intencionalmente al proceso de un fallecimiento? Este planteamiento implica tres situaciones:
La interrupción de esfuerzos destinados a prolongar el proceso, la petición del enfermo a abreviar el proceso mediante una intervención activa y directa, y la intervención activa de otras personas que asumen la iniciativa de acortar intencionalmente el proceso de morir de un enfermo terminal.
El código de ética del colegio médico de Chile (1983) establece en el artículo 27 (…)” el médico no podrá deliberadamente poner fin a la vida de un paciente bajo consideración alguna. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitir. Nadie, además, puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad.(…) y, el artículo 28 expresa lo siguiente: (…)”toda persona tiene derecho a morir dignamente. Así, pues, los procedimientos diagnósticos y terapéuticos deben ser proporcionados a los resultados que se pueden esperar de ellos. (…) ante la inminencia de una muerte inevitable, sin interrumpir los medios mínimos habituales para mantener la vida, es lícito al médico en conciencia, tomar la decisión de no aplicar tratamientos que procuren únicamente una prolongación precaria y penoso de la existencia. Asimismo, ante la comprobación de muerte cerebral, el médico estará autorizado para suspender todo procedimiento terapéutico ”(…)


El derecho a morir con dignidad no significa de ninguna manera Eutanasia sino, el derecho a una muerte humana. A este respecto, la declaración sobre la eutanasia de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, (1988) expresa:( …)” es muy importante hoy día proteger, en el momento de la muerte, la dignidad de la persona humana y la concepción cristiana de la vida contra un tecnicismo que corre el riesgo de hacerse abusivo. De hecho algunos hablan de derecho a morir, expresión que no designar el derecho de procurarse o hacerse procurar la muerte que se quiere, sino el derecho de morir con toda serenidad, con dignidad humana y cristiana”(…)
Según el moralista Elizari, esto supone cinco aspectos:
Respecto al modelo de muerte de la persona, alivio del dolor, rechazo del encarnizamiento terapéutico, verdad al enfermo y, acompañamiento del enfermo.
El moralista Marciano Vidal enumera una serie de exigencias que comporta la muerte digna, sobre todo de tipo social:
Atención al moribundo con todos los medios que posee actualmente la ciencia médica: para aliviar el dolor y prolongar su vida humana.
No privar al moribundo del morir en cuanto a acción personal; el morir es la suprema acción del hombre.
Liberar a la muerte del ocultamiento a que es sometida en la sociedad actual; la muerte es encerrada actualmente en la clandestinidad.
Organizar un servicio hospitalario adecuado a fin que la muerte sea un acontecimiento ha asumido conscientemente por el hombre y vivido en un ámbito comunitario.
Favorecer la vivencia del misterio humano religioso de la muerte; la asistencia religiosa cobra en tales circunstancias un relieve especial.

Siendo este tema algo amplísimo y difícil de abarcar en su totalidad, espero que mi breve aporte sustentado en el sacerdote jesuita y experto en moral Tony Mifsud, sea útil para el diálogo y para muchas personas que tienen familiares en estado terminal y que dedican gran parte de su tiempo en atenderles y hacer más liviana su enfermedad.
Y, no puedo dejar de lado a todos los médicos, profesionales y personas calificadas que trabajan en los hospitales, consultorios y clínicas, a todas las Damas del Voluntariado; quienes son una extensión de la mano misericordiosa de Dios, Señor de la Vida.
Para Uds., son estas palabras de Jesús:
“Estuve enfermo y me visitasteis”
¡Ánimo!

Que sea feliz.

José Ramón Toro Poblete
Profesor de Religión y Moral
Liceo Maximiliano Salas Marchán
Email: jomartograf@yahoo.es

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