No es posible encuadrar los evangelios en ningún género literario en uso en la cultura de entonces o de ahora. Aunque son documentos de historia no son una historia de Jesús. Tampoco son biografías o hagiografías o simples memorias de gestos y acontecimientos pasados, aunque de todo ello tenga un poco. Son algo completamente distinto y nuevo, que crean y agotan su propio género literario.
La novedad radical que hace de los evangelios ser documentos escritos absolutamente únicos, consiste en que el héroe de los relatos, de los milagros, de los discursos, está vivo, y su presencia y su palabra siguen resonando y actuando en medio de la comunidad cristiana y del mundo entero, con su poder Salvador. Dicho de otro modo: fueron, son y seguirán siendo hasta el final de los tiempos Palabra viva de Dios.
FORMACIÓN DE LOS EVANGELIOS.
Los cuatro evangelios nacieron de una tradición o evangelio oral, es decir, del anuncio y la predicación de los testigos de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Por algún tiempo fue la palabra el único medio de transmisión y difusión de la Buena Noticia. La cultura oral de aquel tiempo, basada en la importancia de la memorización individual y colectiva, no necesitaba de la escritura para preservar con fidelidad el mensaje de Jesús. Y así lo hicieron sus primeros seguidores tanto en la evangelización y en la catequesis, como en las oraciones e himnos de sus liturgias y celebraciones eucarísticas.
PRIMERAS TRADICIONES ESCRITAS.
Se hizo necesario poner por escrito en hebreo y arameo (lenguas locales) los principales hechos y dichos de Jesús para ayuda de la catequesis, de la predicación y otros usos de las comunidades que se desarrollaban y crecían en número.
Así nacieron los primeros documentos escritos. Probablemente lo primero que se escribió fue el acontecimiento más importante de la vida de Jesús: su pasión, muerte y resurrección. Fueron apareciendo resúmenes o colecciones de sus milagros, de sus parábolas, de sus discursos. Este material abundante es el que pasó después a nuestros cuatro evangelios.
LOS CUATRO EVANGELIOS
La rápida difusión de la comunidad cristiana fuera del ámbito religioso, cultural y lingüístico de palestina, necesitaba de una renovada presentación del mensaje de Jesús, adaptada e inculturizada, que respondiera a la nueva situación de las iglesias locales.
Todos escribieron en griego, la lengua franca del imperio por aquel entonces. Fue un importante esfuerzo de inculturización pues el griego no era la lengua materna de los evangelistas y se nota. Sólo Lucas, proviene del helenismo y se siente a gusto escribiendo en su idioma.
Los evangelistas, no fueron simples recopiladores que se limitaron a ordenar, traducir el material ya existente. Fueron verdaderos autores, quienes al seleccionar, adaptar, ampliar o abreviar sus fuentes dejaron su impronta personal, es decir su experiencia de fe, su visión de Iglesia y el conocimiento que tendían de las necesidades y problemas concretos de las comunidades cristianas para las que escribieron. Aunque unidas en una fe común, eran comunidades de cultura y contextos diferentes, separadas no sólo por la geografía, sino también por el tiempo. Entre el primer evangelio que escribió Marcos hasta el último que escribió Juan pasaron varias décadas.
LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS
El término sinóptico, en griego visión de conjunto, ha sido aplicado desde hace un par de siglos a los escritos de Marcos, Mateo y Lucas, por el gran parecido que tienen entre sí, realidad que los distingue claramente del evangelio de Juan.
Lo que parece ser cierto, es que el evangelio de Marcos fue el primero que se escribió, sirviendo de base para los escritos de Mateo y de Lucas, los cuales no sólo incorporaron a sus respectivas obras el material de Marcos, sino que utilizaron también las primeras tradiciones escritas de los dichos y hechos de Jesús.
Seguramente Marcos, aparte de sus propias fuentes de información, se inspiró en esas mismas tradiciones. Mateo y Lucas completaron su labor. Estos dos evangelistas, además de las tradiciones mencionadas, tuvieron acceso a otras tradiciones que aparecen sólo en cada uno de ellos, conocidas con las iniciales “M” y “L” de Mateo y Lucas respectivamente.
Este entramado de conexiones e influencias mutuas, dan fe de la fidelidad a la Palabra transmitida que presidió la composición definitiva de los evangelios. El mantener intacto el depósito de la revelación fue la gran preocupación de la iglesia primitiva como lo demuestran muchos escritos el nuevo testamento, especialmente las cartas pastorales: (…)”lo que me escuchaste en presencia de muchos testigos transmítelo a personas de fiar, que sean capaces de enseñárselo a otros”(2Tim.2,2)…

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